Roger Dymond

(1960 – 1999, softography)

Roger Dymond may not be a familiar name to most, but his story is an inspirational one for, it highlights just how much the home computer era of the 80’s made a difference in everyone’s life. It certainly made a difference in Roger’s life.

Roger suffered from Asperger’s Syndrome and as such he had a difficult childhood. The schools didn’t know how to handle him, he had very few friends and was bullied at school. It was then that Roger’s parents, Josephine and Barry Dymond, decided to send him to the Rudolf Steiner School at Aberdeen.

Roger, however, didn’t take to the new school immediately and Josephine feels that he never forgave them for sending him there. However, the school did help Roger take control of his life and by the time he left the school at age 18, he had changed quite a bit for the better. He had become organised and was determined to succeed at everything he did.

Josephine recounts the transformations thus: “At nineteen he terrified me by saying he wanted to travel abroad, off he went, on his own, having organised it to the letter, to France, Italy, Germany, and later to the Philippines. At age 23 he terrified me again by announcing that he was going to learn to drive, he passed first time, and then passed his advanced driving test 18 months later.”

Roger was a great nature lover and gardening was one of his favourite past-times and he even had a Council Gardening apprenticeship. Unfortunately, when he was made redundant at the job at age 20, he was left with a very grave future. Having had very little formal training and no certificates to his name, his job prospects were very slim.

That was when Roger acquired a ZX81 and in the process acquired a friend for life – the computer. One of Barry’s colleagues dropped in three four times to help Roger get acquainted with the ZX81 and pretty soon Roger was on his way. After a while, Roger went to the local technical school and won prize as best student in Computing in the first year.

Roger began developing software on the ZX81 and soon moved on the Spectrum as soon as it was released. He taught himself machine code and went on to program his first game “Roulette”. He then went on to write a collection of children’s games which were good enough to encourage the Dymond’s to have their own stall at the Computer Show in Pudsey, Leeds, which got a very enthusiastic response from everyone.

The Dymond’s sold their own software with Roger writing all the games, Barry doing the marketing and cassette covers, Josephine doing the advertising, packaging as well as the delivering and correspondence. This way they managed to sell around £1000 of games but the cost of advertising made further sales difficult.

A year after all this, Roger bagged a job at Dumfries and Galloway Educational School, programming and troubleshooting systems for all the Dumfriesshire schools where he worked till he died suddenly of a heart condition five years ago.

Acknowledgements: Josephine and Barry Dymond for the inputs. Simon Webb curator of Swindons’ Museum of Computing for putting me in touch with them. Geoff Wearmouth for pointing me at the right places.

 

Puede que el nombre de Roger Dymond no resulte familiar a la mayoría, pero su historia es inspiradora, y pone de relieve hasta qué punto la era de los computadores personales de los ochenta marcó la vida de cada uno de nosotros. Desde luego, así fue en la vida de Roger.

Roger padecía el síndrome de Asperger y como tal tuvo una niñez difícil. Los colegios no sabían cómo tratarle, tenía muy pocos amigos y era objeto de frecuentes burlas entre sus compañeros. Fue por entonces cuando los padres de Roger, Josephine y Barry Dymond, decidieron enviarle a la Escuela Rudolf Steiner en Aberdeen.

Roger, sin embargo, no se adaptó a su nuevo colegio de forma inmediata y Josephine sospecha que él nunca les perdonó que le enviaran allí. No obstante, la escuela ayudó a Roger a tomar las riendas de su vida y para cuando la abandonó a los 18 años, había mejorado considerablemente. Se había vuelto organizado y estaba determinado a triunfar en todo lo que hiciese.

Josephine nos cuenta su transformación así: “A los diecinueve me aterrorizó al decirme que quería viajar al extranjero; y allá que se fue, él solo, habiéndolo arreglado por carta, a Francia, Italia, Alemania, y más tarde a las Filipinas. A los veintitrés me aterrorizó de nuevo al anunciarme que iba a aprender a conducir; aprobó a la primera, y luego aprobó el ‘advanced driving test’ (test avanzado, para conductores profesionales) 18 meses más tarde.”

Roger era un gran amante de la naturaleza y la jardinería era uno de sus favoritos pasatiempos, ejerciendo incluso como aprendiz de jardinería a cargo del Ayuntamiento. Desafortunadamente, cuando finalizó su contrato a los 20 años, se le había quedado un futuro muy poco halagüeño. Con una escasa formación reglada y ningún título a su nombre, sus perspectivas de obtener trabajo eran poco alentadoras.

Fue entonces cuando Roger compró un ZX81 y con ese gesto ganó un amigo para toda la vida: el ordenador. Uno de los colegas de Barry se dejó caer tres o cuatro veces para ayudar a Roger a familiarizarse con el ZX81 y, en muy poco tiempo, Roger se había hecho con el control. Poco después, Roger consiguió plaza en la escuela técnica local y ganó el premio al mejor estudiante de Informática en su primer curso.

Roger empezó a desarrollar software en el ZX81 y pronto se mudó al Spectrum; tan pronto como fue lanzado. Aprendió código máquina por su cuenta y empezó a programar su primer juego, “Roulette”. A continuación comenzó a escribir una colección de juegos para niños que resultaron ser lo suficientemente buenos como para animar a los Dymonds a abrir su propio stand en el Computer Show de Pudsey, Leeds, obteniendo una respuesta muy entusiasta por parte de todos los asistentes.

Los Dymonds comenzaron a vender su propio software, con Roger escribiendo todos los juegos, Barry encargándose del marketing y de las carátulas de los cassettes, y Josephine de los anuncios, embalajes, así como de los envíos y la correspondencia. De esta forma consiguieron vender alrededor de 1000 libras esterlinas en programas, aunque el coste de los anuncios dificultó que las ventas fueran mayores.

Un año después de todo esto, Roger consiguió un trabajo en la Escuela Educacional Dumfries y Galloway, como programador y técnico de sistemas, donde trabajó para los chavales de Dumfries hasta que murió repentinamente a causa de una afección cardíaca, hace cinco años.

Agradecimientos: Josephine y Barry Dymond por las aportaciones. Simon Webb, conservador del Swindons’ Museum of Computing por ponerme en contacto con ellos. Geoff Wearmouth por dirigirme a los lugares apropiados.